Todas las Piezas Rotas - John Boyne
Actualizado: 8 sept
Datos del libro
Extensión | Título Original | Idioma Original | Fecha de Publicación |
400 págs. 12h 42m | All the broken places | inglés | 29 de de noviembre de 2022 |
Sinopsis
Décadas después de los hechos ocurridos en El niño con el pijama de rayas, Gretel vive una vida discreta en Londres, cargando un pasado que nunca ha podido dejar atrás.
A través de una narración íntima y profundamente emocional, John Boyne nos invita en Todas las Piezas Rotas acompañar a una mujer que ha intentado reinventarse, pero cuyo silencio y memoria la confrontan en cada paso.
Cuando una nueva familia se muda a su edificio, los recuerdos que había enterrado resurgen, y la vida que creía haber dejado atrás comienza a reclamar respuestas.
Reseña
Normalmente puedo entender que una continuación quiera sostenerse por sí misma, pero en este caso creo que haber leído antes El niño con el pijama de rayas cambia por completo la experiencia.
Necesitamos conocer a Bruno, a su familia y, sobre todo, el ambiente en el que Gretel creció para poder dimensionar después el peso de muchas de sus decisiones. Porque Todas las piezas rotas no es simplemente una historia sobre “qué pasó después”, ni intenta repetir lo anterior desde otro punto de vista.
Es, más bien, una exploración de lo que queda después. De aquello que sucede cuando los grandes acontecimientos terminan, pero las personas que estuvieron dentro de ellos tienen que continuar viviendo con sus consecuencias.
Y para mí, ahí empieza la verdadera fuerza de este libro.
Si tuviera que resumir lo que más me gustó de Todas las piezas rotas, diría que no intenta darte respuestas fáciles. Al contrario: te deja preguntas. De esas que incomodan y que te obligan a detenerte.
¿Qué habría hecho yo en su lugar?¿Hasta dónde somos responsables de las decisiones de quienes nos rodean?¿Somos culpables solamente por aquello que hacemos o también por aquello que sabemos y decidimos callar?
Y quizás la pregunta más difícil de todas sea esta: ¿de verdad creemos que hacer lo correcto siempre es posible?
Es muy fácil mirar una historia desde afuera, especialmente cuando ya conocemos el resultado. Desde esa distancia podemos juzgar, decidir quién estuvo bien, quién estuvo mal y qué debería haber hecho cada persona.
Pero vivir dentro de una situación es algo completamente distinto.
Eso no significa justificar, y creo que ahí está una diferencia importante. Comprender por qué alguien toma una decisión no significa necesariamente aprobarla.
Boyne nos mantiene constantemente en ese espacio incómodo. No nos pide que perdonemos a Gretel, pero sí que la miremos de cerca. Que intentemos entender todo aquello que ha cargado durante años sin convertir esa comprensión en absolución.
Una de las cosas que más disfruté fue precisamente la manera en que vamos conociendo a los personajes. Boyne no nos entrega de inmediato todas sus emociones, razones o heridas. Las vamos descubriendo poco a poco, casi de afuera hacia adentro.
Primero vemos cómo viven. Después empezamos a entender por qué viven de esa manera.
Y detrás aparecen los miedos, las angustias, los silencios y esa necesidad de reinventarse que tienen algunas personas cuando seguir adelante implica convertirse, de alguna forma, en alguien diferente.
Me pareció especialmente interesante pensar en cuántas versiones de nosotros mismos podemos construir a lo largo de una vida. Cuántas nacen realmente de quienes queremos ser y cuántas aparecen simplemente porque necesitamos sobrevivir.
Gretel ha tenido toda una vida para construir la persona que vemos, pero también ha tenido toda una vida para convivir con aquello que intenta esconder.
Y ahí aparece uno de los temas que más me hizo pensar: la culpa.
No solamente la culpa por nuestros propios errores, sino también esa que parece llegarnos a través de nuestra familia, nuestra historia y decisiones que fueron tomadas antes incluso de que pudiéramos comprenderlas.
¿Cuánto del pasado de nuestros padres nos pertenece?¿Cuánto de sus errores debemos cargar?¿Puede alguien ser completamente inocente de una historia de la que, de alguna manera, también formó parte?
No creo que el libro intente responder estas preguntas, y agradezco que no lo haga.
Gretel carga con una culpa heredada, con los errores de quienes la criaron y con el peso de haber crecido dentro de una realidad que durante mucho tiempo quizás ni siquiera pudo entender por completo. Pero también carga con sus propias decisiones.
Y ahí, para mí, la historia se vuelve todavía más interesante.
Porque llega un momento en la vida en el que ya no podemos responsabilizar únicamente a quienes estuvieron antes que nosotros. En algún punto tenemos que preguntarnos qué hacemos con todo aquello que heredamos.
El silencio también ocupa un lugar enorme en esta historia.
Hay silencios familiares, silencios construidos para sobrevivir, silencios que protegen y silencios que terminan haciendo daño.
A veces creemos que callar significa no participar.
Pero ¿es realmente así?
Esta fue otra de las ideas que se quedó conmigo. Hay momentos en los que el silencio nace del miedo. Otros en los que puede ser una forma de supervivencia. Pero también existen situaciones en las que guardar silencio termina convirtiéndose en una decisión.
Y no siempre es fácil distinguir una cosa de la otra.
Por eso creo que este libro funciona tan bien para conversar. Cada lector probablemente encontrará una línea distinta entre comprender, justificar, responsabilizar y perdonar.
Todas las piezas rotas no es, para mí, una continuación tradicional. Es el recorrido de una mujer que ha pasado toda su vida intentando comprender qué hacer con las piezas de una historia que nunca escogió por completo, pero de la que tampoco puede separarse.
Hay culpa, miedo, errores y silencios. Hay decisiones tomadas por otros y también decisiones propias.
Gretel se reinventa muchas veces a lo largo de su vida, pero una pregunta permanece: ¿podemos realmente empezar de nuevo sin reconciliarnos antes con quienes fuimos?
Creo que esa es una de las razones por las que el libro me gustó tanto. Porque no presenta la reinvención como algo limpio ni romántico.
Cambiar de vida no borra necesariamente la anterior. Mudarte no cambia lo que recuerdas. Construir nuevas relaciones no elimina lo que hiciste. Y el paso del tiempo tampoco convierte automáticamente nuestros errores en algo menos importante.
Lo que funciona y lo que podría no funcionar para todos
Para mí, una de las mayores fortalezas de All the Broken Places está en la manera en que John Boyne pone al lector frente a situaciones moralmente incómodas sin intentar resolverlas por nosotros.
Es una novela que exige cierta participación. No basta con seguir la historia porque, casi sin darte cuenta, terminas evaluando también tus propias ideas sobre la culpa, la responsabilidad y el perdón.
Su relación con El niño con el pijama de rayas también influye mucho en la experiencia. Para quienes conocen bien la primera historia, determinados personajes y decisiones adquieren un peso emocional mucho mayor.
Pero precisamente por eso, quien llegue esperando una continuación tradicional puede encontrarse con algo bastante distinto.
Este libro tiene otra intención.
Es más íntimo, más reflexivo y está mucho más interesado en las consecuencias que en los acontecimientos.
Y creo que ahí está, justamente, lo que lo hace tan especial.



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